Noviembre en esa ciudad, era noviembre de lluvias copiosas. La lluvia solía lavar la ciudad de lo gastado y cansado que dejaba el sol a las personas. Casi al final del mes Michel terminó la famosa carta, no sabía si entregársela en la mano o deslizarla bajo la puerta de su departamento. Nuestro joven emprendería un viaje a donde no hablaban su idioma y aunque el tenía el inglés necesario, era muy tímido para conversarlo. Sus padres le pagaron el avión y pusieron todas sus esperanzas en ese viaje, el padre de Michel esperaba que su hijo se volviera un "hombre de bien" y ahorrara mucho dinero. Las generaciones en las que el padre de Michel estaba solo pensaban en bienestar material, las opciones eran sentar cabeza y casarse o sentar cabeza y casarse. La que tal vez terminaría siendo madre de familia sería Marina, sería la bailarina principal del lago de los cisnes el siguiente año y no tenía que ensayar hasta desmoronarse, ella sabía que con unas horas en la academia y una buena alimentación, haría un trabajo digno y sin fallas. No querìa regresar a ser vegetariana pero algún esfuerzo alimenticio tenía que hacer. Pensaba invitar a ambos en la noche de estreno, Michel y Vidal. Michel ya no estaría en la ciudad para esas fechas y la princesa del lago recibiría una carta, la carta fue escrita con mucho desorden y fue hecha dia a dia, Michel escribía partes de la carta cada vez que se le venían ideas importantes a la cabeza pero después se arrepentía y en vez de borrar lo escrito, se retractaba y ponía lo opuesto a las ideas que había expresado antes. Podría parecer una novela tomando en cuenta que la dividio en veintitantas partes e incluso mencionó a Vidal, no es que Michel no conociera lo suficiente a Vidal pero ¿qué clase de carta de amor incluía al exnovio en una cuarta parte?.
Michel compró lo indispensable y su madre compró lo que pudiera llegarse a necesitar, él compró el té de manzana que tanto le gustaba, un cuaderno para escribir cartas sin remitente, un jabón con crema, unos tic-tacs, un diccionario de inglés y unas aspirinas. Estaba ansioso por llegar a ese país extraño y recorrerlo por las noches, jamás tuvo la idea de conocer a alguien allá, ni tuvo intenciones de hacerlo cuando llegó a una casa de huéspedes. No estaba familiarizado con todas las nacionalidades, ni con la fugacidad de la estancia de sus compañeros, entraban, dormían en las camas contiguas y se iban. Su meta a corto plazo era encontrar un trabajo y conocer Vancouver, para él la ciudad era mágica, muchos nuevos olores , algunos agradables y otros no. Entre los mas agradables estaba el aire fresco, a veces helado pero siempre olía a mar por estar tan cerca de muchas playas. El se había prometido no llamar a sus padres pero tanta belleza y libertad contrastaba con el antiguo oprimido, él que no quería que nadie supiera de él.
Al final decidió deslizar la carta por debajo de la puerta del departamento de Marina. Antes de dejar su ciudad que había sido su amiga mas leal en el año que despediría, dejó esa carta y visitó un templo. No se sentía un católico devoto, ni creía en los ángeles, ni los santos pero tenía un nuevo trato, una promesa. La carta tenía cosas de más, pero el final era bueno y se apegaba al buen corazón de Michel, él prometía que sería un buen hombre gracias a una pequeña esperanza que le fue depositada en el primer segundo en que la vió en la esquina de la calle. No quiso mencionar a Andrea porque ella fue el colchón para olvidar a Marina, aunque no lo había querido aceptar.
Lo que les puedo decir sobre lo que Marina sintió con la carta es poco. Lo que les puedo decir de Michel es que cumplió su promesa, no fué otro año más en la vida del compañero, aprendió muchas cosas y tuvo lo que siempre había querido, una nueva visión, un par de ojos nuevos para ver otrso colores, para dejar atrás todas las tonalidades de grises y los extremos engañosos entre el blanco y negro. Eso si, su padre creyó que su hijo se volvería rico y la realidad fue otra, no porque su padre fuera de otra generación, sino porque él era diferente a su padre. Simple y llanamente diferente. La promesa de la carta consistía en que no se iba a dejar caer, podían pasar muchas cosas, podía seguir tomando, podía seguir entrando y saliendo de la vida de algunas pero nada, ni nadie le quitarían el suelo que pisaría. La cata finalizó diciendo que aquella navidad en la que él pidió no vela fue absurdo, la verdad era que no tenía sentido para él , el hecho de que no se vieran si estaban enamorados. No fué una disculpa, fué una explicación. Lo último que decía la carta era que lo que mas quería de Marina era la sensación que le dejaba al ver su cara, no era lo bonita sino la inocencia y la tranquilidad que le inspiraba. Decía que é recordaba algunas noches esa noche y que no había cosa mejor que apreciar lo que aprendió al conocerla y tratarla, que ella estaba en su lista de gente favorita para toda la vida y que le deseaba lo mejor de lo mejor, lo mas dulce y lo que mas anhelara.
Queridos lectores, quiero ser humilde y honesto con ustedes, como el que mendiga después de su acto. Yo no se jugar ajedrez, solo me gustan las fichas y la idea que representa un ajedrez. Conozco algunos jugadores y si la vida fuera algo mas que un ajedrez humano o una película porno mas compleja, yo estaría tranquilo. Una vida después de la muerte estaría bien para mi, una vida que ahora Abraham disfruta. Y si esa vida fuera un vacío, adelante. Y si esa vida fuera un infierno, habría que definir el concepto de infierno y su parecido con la mala suerte en estas tierras. Y si la vida es un ajedrez humano y somos fichas o jugadores, habría que jugar lo mejor posible y reponerse a cada pérdida, a cada desilusión. Michel jugó bien en los años siguientes, encontró una nueva pasión y encontro fuerzas para ser responsable en el amor. Marina tuvo contrastes, por alguna necedad no pudo olvidar a Vidal hasta que este se casó. Pero bailó y bailó y sufrió se volvió a recuperar, nunca le gustó el término de solterona y la gente la respetaba por la mujer que había moldeado. Al mirarse al espejo, había un aire de dignidad y petulancia, ella siempre supo que hacer con su vida si descartamos al amor y tanto Michel como Marina encontraron como un milagro y una bendición, el poderse ver de nuevo al pasar de los años y contar sus aventuras, el fino hilo de la vida que apreciaban a cada zurcido. Una vida que les daba y les quitaba y a pesar de las pérdidas, aún seguían vivos.